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Radio Líder Santiago – 97.7Fm Santiago de Compostela
today5 octubre, 2026
El fotógrafo compostelano Esteban Delaiglesia, uno de los integrantes de La Diapo Fotografía junto a Manu Suárez, pasó por los micrófonos de Radio Líder Santiago para repasar su trayectoria profesional y, especialmente, para presentar una exposición que cambia deliberadamente el foco habitual del mundo cinematográfico: en lugar de estrellas, primeros planos y fotografías promocionales, su objetivo se detiene en las manos, las herramientas, el cansancio y el trabajo de quienes hacen posible un rodaje.
Delaiglesia se definió durante la conversación con sencillez: “Un buscavidas, al final. Buscavidas, con una cámara siempre en mano”. Su llegada profesional a la fotografía se produjo después de su etapa en prensa y en un momento de reconversión laboral. Tras valorar diferentes alternativas formativas, acabó entrando en una escuela de fotografía situada junto a Mestre Mateo. “Y ahí entré. Y hasta hoy”, recordó. De aquella experiencia surgiría después La Diapo Fotografía, proyecto que comparte con su antiguo compañero de clase Manu Suárez.
La diversidad se convirtió desde el principio en una de las señas de identidad de la empresa. Cine, publicidad, fotografía corporativa e incluso bodas forman parte de un trabajo que evita instalarse en una única especialidad. “Yo creo que la diversidad que tenemos es la que nos da inquietud y la que nos da una diversificación que al final nos gusta más la fotografía”, explicó durante la entrevista. También defendió la diferencia entre la universalización de la fotografía a través del teléfono móvil y el oficio profesional, marcado, en su opinión, por una mirada y una manera propia de trabajar.
Buena parte de su actividad profesional está ya ligada al audiovisual. Delaiglesia ha trabajado como fotógrafo de rodaje en diferentes producciones y recordó que una de sus primeras oportunidades llegó de la mano de Ficción Producciones, en un proyecto con Candela Peña y Luis Zahera. Con el paso del tiempo, señaló, comprendió que una de las cualidades fundamentales del fotógrafo de rodaje no depende únicamente de la técnica. “Lo importante de un fotofija, después, con el paso del tiempo, es saber estar. Muy importante saber estar en un rodaje”, afirmó. Y resumió ese comportamiento en varias claves: discreción, entender la dinámica del equipo y saber relacionarse con dirección, producción y actores.
El fotógrafo también destacó durante la entrevista la posición alcanzada por Galicia dentro de la industria audiovisual, tanto por el peso de sus profesionales como por la presencia de productoras y proyectos de diferentes perfiles. En ese contexto ha ido acumulando material durante años hasta dar forma a su actual exposición en el Centro Cultural Marcos Valcárcel de la Diputación de Ourense, visitable, según explicó en antena, hasta el 1 de noviembre.
La muestra nace con una idea concreta: rendir homenaje a quienes trabajan en el cine sin convertir la exposición en una galería de nombres propios. “Primero es un homenaje a la gente que trabaja en el cine. No quise retratar a la gente del cine así, personalizarlo, entonces se me dio por fotografiar las manos, el trabajo de las manos. Para mí la mano es el trabajo, el esfuerzo”, explicó Delaiglesia.
El germen del proyecto se remonta a los rodajes realizados durante la pandemia. Las mascarillas dificultaban entonces la construcción visual de muchas imágenes y el fotógrafo comenzó a buscar otro punto de atención. “Me dio por ver las manos, cómo trabajaban las manos. Y empecé con ese proyecto”, recordó. Aquella decisión terminaría convirtiéndose en una investigación visual desarrollada a lo largo de aproximadamente seis años y de diferentes producciones.
El resultado está planteado en dos grandes partes. Por un lado, las imágenes impresas en blanco y negro, dedicadas fundamentalmente a los trabajadores y a esa dimensión menos visible de una película o una serie. “Pongo las manos de la gente que trabaja, a los currantes, que pongo también a los actores como currantes, los pongo en blanco y negro porque es la parte oculta del cine”, señaló.
La decisión de no identificar individualmente a quienes aparecen en las fotografías forma parte del mismo planteamiento. “No puse ni cartelas, ni las identifiqué ni nada, porque me parece que es un homenaje en general. Entonces no quería personalizarlo”, explicó. Frente al protagonismo habitual de los rostros, Delaiglesia propone así una mirada colectiva sobre un trabajo que normalmente queda reducido a los títulos de crédito.
Una de las imágenes comentadas en el estudio muestra al actor Óscar Jaenada y una mano que se dirige hacia su pecho. Esa mano, explicó el fotógrafo, pertenece al director Daniel Calparsoro, que está marcando una indicación al intérprete. Para Delaiglesia, la fotografía condensa el significado de toda la exposición: “Para mí es el resumen de la exposición porque es el resultado de todas esas manos que trabajan en el mundo del cine”.
La imagen le sirve también para explicar que un personaje no nace únicamente del trabajo del actor, sino de una estructura colectiva en la que intervienen sonido, cámara, producción, maquillaje, peluquería, dirección y muchos otros departamentos. Es precisamente esa cadena de trabajo, habitualmente invisible para el espectador, la que el fotógrafo pretende sacar a la superficie.
La exposición reúne 51 fotografías impresas, aunque detrás de esa selección existe un archivo mucho mayor. “Lo que más me llevó fue seleccionar”, reconoció el fotógrafo. Junto a ellas, la muestra incorpora una proyección que sí se aproxima más a la labor tradicional del fotógrafo fijo de rodaje y a las imágenes que posteriormente solicitan productoras y plataformas para promoción y comunicación.
También aquí Delaiglesia ha querido marcar distancias respecto a las tendencias actuales. En la parte expositiva no hay fotografías verticales. Su argumento es tanto estético como conceptual: “Hoy una foto del grupo, hacerla en vertical, todo en vertical, todo adaptado al vertical, para este bicho, que es un teléfono… pues bueno, el cine para mí es horizontal y es panorámico”.
La exposición huye igualmente de convertirse en una mera sucesión de imágenes atractivas de intérpretes conocidos. “A mí hacer una exposición de fotos de actores guapos, qué foto más bonita y tal, no me tenía ningún sentido”, resumió. En su lugar aparecen manos sujetando cámaras, leyendo guiones, manejando pértigas, trabajando sobre el maquillaje de un personaje o utilizando claquetas y herramientas marcadas por años de rodaje.
Detrás de esas imágenes aparece también una realidad laboral exigente. Una de las fotografías comentadas durante la conversación simboliza para el autor el agotamiento acumulado durante una producción. “La verdad que los rodajes son muy duros. Son jornadas de 10 más 1. Desplazamientos, llueve… es duro, es duro”, señaló.
Ese esfuerzo físico y humano es precisamente uno de los mensajes que desea transmitir. Las manos levantando una pértiga, preparando un plano o manipulando material técnico funcionan como símbolo de un sector en el que, recordó, existen muchos profesionales detrás de cada resultado que llega a una pantalla.
La conversación derivó también hacia la creciente presencia de la inteligencia artificial. Delaiglesia contrapuso esa automatización a la realidad física que observa cada día en los rodajes. “Ahora con todo, que parece que la IA lo hace todo… No, hay mucho trabajador detrás, y hay mucha tensión, esfuerzo”, afirmó. Una reivindicación del componente humano que encaja directamente con el espíritu de una exposición construida, precisamente, alrededor de las manos.
Preguntado por la posibilidad de que la muestra tenga continuidad, Delaiglesia no ocultó su deseo de poder llevarla a Compostela. “A mí me gustaría, sí. A ver si me traen algo a Compostela, ¿no? A ver si juego un día en casa”, comentó, dejando abierta la posibilidad de que la exposición pueda convertirse en itinerante.
El fotógrafo explicó además que mantiene una relación habitual con museos, exposiciones y conciertos, incluso cuando viaja, pese a no considerarse un especialista en arte. “Soy visual”, resumió antes de explicar que una de sus primeras búsquedas al llegar a una ciudad suele ser conocer qué exposiciones pueden visitarse.
Delaiglesia quiso aprovechar su paso por Radio Líder para agradecer también los apoyos que hicieron posible económicamente la producción de la muestra y destacó especialmente la colaboración recibida para afrontar los costes de impresión, además del respaldo de La Diapo, de su socio y de su pareja durante todo el proceso. Sobre su manera de encadenar trabajos, reconoció entre risas una dificultad recurrente: “Acabo un proyecto y ya estoy como pensando en otro. No lo disfruto”.
Y proyectos no faltan. Profesionalmente, señaló que La Diapo mantiene diferentes trabajos abiertos y avanzó la posibilidad de incorporarse a un nuevo rodaje de una producción alemana en Galicia. En el terreno personal, también reveló que trabaja desde hace tiempo sobre una idea relacionada con la salud mental, un proyecto todavía en proceso de redefinición al que pretende dar un nuevo enfoque. “Le estoy dando un giro y yo creo que va a ir adelante”, adelantó.
Mientras ese nuevo trabajo toma forma, su exposición en Ourense ofrece una oportunidad para mirar el cine desde el lugar menos habitual: no desde quien ocupa el centro del encuadre, sino desde quienes lo construyen. Manos anónimas, herramientas, cansancio, coordinación y oficio para recordar que, antes de que una película llegue a una pantalla, existe todo un ecosistema humano trabajando fuera de plano.
Escrito por Líder Redacción


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